Foto: fuente externa
Por: Pasión por el derecho. – Uno de los juristas más influyentes en el ámbito penal del espacio hispano-argentino, el doctor Enrique Bacigalupo Zapater, ha fallecido. Su trayectoria deja una marca imborrable tanto en la academia como en la judicatura española, donde ejerció como magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo desde finales de la década de los 80 hasta su jubilación en el año 2011. Su partida cierra un capítulo clave en la historia penal de Latinoamérica, pero también de la judicatura contemporánea de España.
Nacido en Buenos Aires en 1938, Bacigalupo forjó un perfil académico internacional de altísimo nivel. Se doctoró en Derecho tanto en la Universidad de Buenos Aires como en la Universidad Complutense de Madrid, complementando su formación con estancias de investigación en el prestigioso Instituto Max Planck en Alemania. En su Argentina natal, llegó a ejercer la gestión pública como procurador del Tesoro durante el breve mandato presidencial de Héctor Cámpora en los años 70.
Sin embargo, el recrudecimiento de la violencia política y las amenazas de la organización parapolicial Triple A forzaron su exilio hacia Europa en 1974. Tras un paso formativo por Alemania, se estableció definitivamente en España, país que se convertiría en su hogar profesional. En 1987, accedió al Tribunal Supremo a través del turno reservado para juristas de reconocido prestigio, integrándose en una Sala Segunda que enfrentaba el reto de consolidar el Estado de Derecho.
Durante sus 24 años en el Alto Tribunal, Bacigalupo fue reconocido como uno de los magistrados más técnicos, rigurosos y de corte marcadamente progresista y garantista. Su labor judicial estuvo estrechamente ligada a macroprocesos que conmocionaron a la opinión pública española. Entre ellos destaca la instrucción del caso Filesa —referente a la financiación irregular del PSOE—, la resolución del caso GAL sobre terrorismo de Estado, y la revisión de las condenas por la histórica tragedia sanitaria del aceite de colza.
Además de su impacto en el ámbito de la criminalidad económica y los delitos políticos, el magistrado impulsó resoluciones pioneras en materia de derechos fundamentales. Su firma respaldó fallos doctrinales de gran trascendencia social, como la confirmación de condenas por violación dentro del matrimonio. Esta postura jurídica fue fundamental para desterrar interpretaciones arcaicas sobre los supuestos derechos conyugales y consolidar el concepto moderno de consentimiento dentro del marco legal penal.
Su producción teórica no se quedó atrás, plasmada en manuales de referencia como Teoría y práctica del derecho penal. A través de su labor docente e investigadora, Bacigalupo funcionó como un puente intelectual decisivo entre la rigurosa dogmática penal alemana y las comunidades jurídicas de España y América Latina. Esta vasta obra le valió múltiples doctorados honoris causa y el reconocimiento unánime de diversas generaciones de operadores del derecho a ambos lados del Atlántico.
Tras su retiro de la magistratura en 2011, dio el salto al sector privado incorporándose a grandes firmas de abogados en Madrid, donde lideró la defensa de figuras de alta exposición pública como Lionel Messi. Su fallecimiento no solo extingue a una figura central de la litigación penal y a un miembro de una influyente saga familiar institucional en España, sino que abre el debate sobre el equilibrio entre las garantías procesales y las dinámicas del poder político. Sus restos reciben el último adiós en el Tanatorio Parcesa La Paz de Alcobendas.






