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lunes, agosto 17, 2026
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El deporte no puede esperar más: República Dominicana debe convertirlo en un pilar del desarrollo nacional

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Por Tamara Valdez San Pedro

Hay momentos en la vida de un país en que el destino llama a la puerta y solo hay que abrirla. República Dominicana está viviendo uno de esos momentos de gloria con el deporte al incrementar las medallas en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026. Cada una de esas medallas que un atleta dominicano gana, cada récord que rompe es un gran orgullo que sentimos y manifestamos. Tengo una pregunta algo incómoda que ya no podemos ignorar: ¿cuánto talento se nos ha ido, en silencio, por no tener una política de Estado que lo apoye?

La respuesta es dolorosa. Duele porque sabemos, cualquiera que haya estado en un barrio, en una escuela o en un club comunitario lo sabe, que en cada rincón del país hay una Liranyi Alonso o Marileidy Paulino, un Yeral Nunez o Deury Corniel, o una promesa para cualquiera de todos los deportes que se realizan esperando una oportunidad que nunca llega. No por falta de talento, sino por falta de un sistema.

El problema no es la falta de talento, sino la ausencia de un sistema.

Los dominicanos nacemos con una conexión casi natural con el deporte. Lo llevamos en la sangre, en la diversión y en las calles. El talento es abundante: se encuentra en cada barrio, en cada campo improvisado y en cada niño que corre, batea o salta sin que nadie lo esté evaluando todavía. Ese es exactamente el punto de inicio: no carecemos de materia prima, sino de la estructura que sea capaz de localizarla, cultivarla y mantenerla.

Por eso es necesario que el país construya un auténtico sistema nacional de identificación y desarrollo del talento deportivo, con una presencia tangible en todo el territorio, desde las ciudades más grandes hasta el municipio más pequeño. Un sistema que reconozca a los deportistas desde que son pequeños, ya sea en las escuelas, clubes de la comunidad o competiciones locales, y los vincule con un camino de formación clara.

Ese talento puro, que no tiene estructura, ciencia ni acompañamiento se está desperdiciando hoy en día. Se pierde en la informalidad, en la carencia de un sistema bien organizado que los conecte y les aporte actividades deportivas en sus comunidades.

Una ley del deporte que debe pasar de la letra a la acción

Hay un marco jurídico. Hay una Ley del Deporte. Sin embargo, una ley que no se convierte en planificación con presupuesto, infraestructura o resultados cuantificables es simplemente una declaración de buenas intenciones. Es el momento de robustecerla de manera definitiva, integrando: financiamiento asegurado, indicadores de cumplimiento y una articulación clara entre los gobiernos locales, las federaciones deportivas y el Estado.


El deporte no puede seguir siendo un capítulo secundario en el presupuesto nacional, debe convertirse en política pública de primer orden.

Lo que nuestros deportistas de alto rendimiento necesitan

No basta con talento ni con voluntad. Un atleta de élite requiere todo un sistema de apoyo, y en muchas partes del país, ese sistema no es lo suficientemente fuerte. República Dominicana, junto a sus federaciones, debe crear un sistema deportivo completo que incluya: preparación física, orientación con la nutrición, acompañamiento psicológico, fisioterapeutas, control y prevención con medicina deportiva, no solo cuando llega la competencia del ciclo olímpico u otros eventos y en el sistema de salud crear en los hospitales el consultorio de Medicina Deportiva.

Cada uno de estos puntos ayuda por sí solo. Pero cuando se integran gobierno, federaciones, ciencia y recursos trabajando juntos en un mismo engranaje, es cuando el potencial se convierte en logros reales.

Instalaciones para todo el país, no solo para la capital

El talento deportivo no está solo en Santo Domingo o Santiago; está en Barahona, Montecristi, Hernando Alonzo, El Gramazo, El Seibo y Samaná, en cada rincón del país. Sin embargo, la infraestructura deportiva de calidad se concentra en pocas áreas, dejando a miles de jóvenes sin oportunidades solo por vivir lejos.

Ofrecer buenas instalaciones en todo el país no es solo distribuir recursos, es un tema de justicia. Un joven en una provincia remota merece canchas o polideportivos y la misma formación que uno en la capital. Si no lo hacemos, estamos perdiendo la mitad del talento nacional por falta de acceso. En esos lugares que tenemos canchas en malas condiciones o polideportivos con problemas, trabajar en su reconstrucción.

Los Juegos Centroamericanos dejaron una infraestructura que el país no puede desperdiciar. Las instalaciones renovadas y nuevas no deben acabar abandonadas después del evento, como ha pasado tantas veces en nuestro país.

República Dominicana puede cambiar esa historia y hacer que la infraestructura de los Juegos se posicione como Turismo deportivo:

Como centro de entrenamiento internacional. Nuestras pistas, piscinas y gimnasios se pueden ofrecer a delegaciones y atletas de otros países para que entrenen y se preparen. Esto mantiene las instalaciones en buen estado, genera ingresos, pone al país en el mapa deportivo internacional y crea empleos.

Un sistema de mantenimiento donde una parte de los ingresos generados por el uso internacional de las instalaciones se reinvierta obligatoriamente en su conservación y en el deporte nacional, manejados con transparencia.

Como plataforma para el turismo náutico deportivo, tenemos la geografía, las costas y el clima ideales para atraer el turismo de vela, remo, triatlón, buceo y otros deportes acuáticos. Acuerdos institucionales del Ministerio de Deportes, Armada, Turismo y Ambiente para el uso de las playas para el deporte, sin costo, ya que son de todos.

Convertir la infraestructura de los Juegos en una fuente continua de ingresos y desarrollo es una idea sólida. Demuestra que el deporte puede ser un motor de crecimiento para el país, generando divisas, empleo y prestigio, además de triunfos deportivos.

Masificación: el deporte como derecho, no como privilegio

La masificación deportiva no es un eslogan de campaña; es una estrategia concreta que empieza con acuerdos institucionales sólidos entre el Gobierno central (Ministerio de Deportes, Educación), las federaciones: motivando otros deportes y no solo los tradicionales y, de manera decisiva, los ayuntamientos, que son quienes tienen el contacto más cercano con las comunidades.

Esa masificación debe caminar de la mano con la educación. Las escuelas y liceos del país son, en potencia, la red de detección de talento más grande que existe, pero hoy operan muy por debajo de su capacidad. Se necesita:

  • Fortalecer los Juegos Escolares Nacionales.
  • Entrenamientos sistemáticos desde la etapa escolar, con planes de desarrollo a mediano y largo plazo.
  • Educación física de calidad como puerta de entrada natural hacia la detección temprana de talento.
  • Programas de búsqueda de talento que conecten al niño que destaca en su escuela con el sistema federativo, sin que ese vínculo dependa de la suerte o del conocido de turno.

Un país que masifica el deporte no solo produce campeones: produce salud pública, produce disciplina, produce jóvenes alejados de la calle y de la violencia, produce ciudadanía. La inversión en deporte, bien entendida, es también inversión en seguridad y en cohesión social.

República Dominicana necesita una hoja de ruta clara, con indicadores y plazos definidos. Esta estrategia debe contemplar, entre otros ejes:

  • Presupuesto creciente y protegido para el deporte, con reglas que impidan que sea la primera partida recortada en tiempos de ajuste fiscal o problemas económicos.
  • Inventario y mapa nacional de infraestructura deportiva, con metas concretas de construcción y rehabilitación de instalaciones en cada región del país.
  • Calendario continuo para eventos internacionales.
  • Sistema unificado de detección y desarrollo de talento, desde la escuela hasta la élite, con seguimiento individualizado de cada atleta.
  • Consultorio Deportivo en los Hospitales Públicos del país, asignando los médicos especialistas: psicólogos, fisioterapeutas, nutriólogos y medico general.
  • Asignación del cuerpo técnico nacional: entrenadores, preparadores físicos y fórmalos con estándares internacionales.
  • Alianzas entre Gobierno central, ayuntamientos, federaciones, empresa privada y academia, para que la responsabilidad y el mérito sean compartidos.
  • Indicadores de resultados públicos y auditables, para que la ciudadanía pueda medir, año tras año, si la inversión se traduce en desarrollo real.
  • Adecuación legal para el aprovechamiento del legado de infraestructura, que permita ofertar las instalaciones renovadas como base de entrenamiento para delegaciones internacionales como fuente de ingresos y prestigio para el país.

El momento es ahora.

No se trata de inventar otro plan para guardarlo en un cajón. Se trata de que el Gobierno dominicano entienda de una vez, y lo trate como algo fundamental para el país, que el deporte es tan importante para el desarrollo.

Tenemos el talento. Tenemos la pasión. Hasta tenemos las leyes para empezar. Lo que falta es que los que decidan hacerlo realidad, con dinero, con organización y pensando en el futuro. El deporte dominicano ya no necesita más palabras, necesita un sistema. Y si construimos ese sistema ahora, con seriedad, será lo mejor que dejemos a las futuras generaciones en cuanto a deporte.

No se trata de improvisar un plan más para archivar junto a tantos otros. Se trata de que el Gobierno dominicano asuma, con la seriedad de una política de Estado, que el deporte es estratégico para el desarrollo nacional. Que las medallas que logren nuestros atletas sea el resultado natural de un sistema que lo hizo posible.

Tenemos el talento. Tenemos la pasión. Tenemos, incluso, el marco legal para empezar. Lo que falta es la decisión política de convertir todo esto en realidad, con recursos, con estructura y con visión de largo plazo. El deporte dominicano no necesita más discursos: necesita un sistema. Y ese sistema, si se construye hoy con seriedad, será el legado deportivo más importante que este país le entregue a sus próximas generaciones.

La pregunta ya no es si República Dominicana puede convertirse en una potencia deportiva integral. La pregunta es si estamos dispuestos, como nación, a dejar de posponerlo.

Ya no se trata de si República Dominicana puede ser un país fuerte en todos los deportes. La pregunta es si estamos listos, como país, para dejar de esperar y hacerlo realidad.

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Periódico digital dominicano.

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