Por: Carlos Rodríguez
En un país donde la mentira oficial se ha convertido en moneda corriente, la historia reciente revela que los “salvadores” de la economía dominicana solo son personajes de un teatro barato A propósito de la celebración de los Oscar 2026 donde la más (premiada fue una batalla tras otra ).como la que le ha toca vivir en RD Desde que el tutumpote Ito Bisonó en el gobierno del PRM —los grandes magos de las fórmulas milagrosas— prometió, con la sonrisa de quien lleva la verdad en los labios, que su famosa “fórmula de reducción de precios” acabaría con las alzas implacables en los combustibles, la realidad ha sido otra. La población, ingenua y esperanzadas, se quedó esperando un milagro que nunca ocurrió.
Cada vez que suben los precios, nos dicen que la culpa la tiene el mercado internacional, pero nadie explica por qué, en medio de tanta volatilidad, la gasolina premium costaba 206.60 pesos en agosto de 2020 y ahora cuesta 295.10 pesos, un aumento de aproximadamente 88.5 pesos, sin que la fórmula de Ito haya hecho una diferencia tangible. La promesa se derrumba como castillo de naipes, y el pueblo, con la esperanza rota, mira con frustración cómo su dinero se evapora en un mar de mentiras.
El gobierno de Luis Abinader, con su discurso de modernidad y transparencia, se ha convertido en un espectro de promesas incumplidas y decisiones que solo aumentan el sufrimiento de los ciudadanos. En su última rendición de cuentas, el mandatario le echó una mano a Ito Bisonó, prometiendo revisar la legislación que grava el consumo de combustibles, como si eso fuera a cambiar algo. Pero en realidad, esa revisión no pasará de ser otra promesa vacía que se perderá en los pasillos de Palacio, mientras los precios siguen subiendo y la gente se pregunta si alguna vez podrán pagar un chele de agua sin que su bolsillo se quede vacío.
La promesa de que “todo cambiaría” quedó en nada, como las palabras de aquel olvidado libro de Juan Bosch, donde el poder y la mentira se entrelazan en una danza macabra, y los hijos de machepa —los pobres— no tendrán dinero ni para comprar un simple agua de coco.
En ese escenario de engaños y estafas, el periodista ido a destiempo Robert Vargas, en su aguda visión, predijo desde 2020 que lo de Ito Bisonó no serviría de nada. En su crónica, con la precisión de un cirujano, señaló que “su fórmula será solo humo, un truco barato para engañar a la gente y justificar la ineficacia del gobierno” que ellos harían. Y así ha sido. Los precios de la gasolina han subido sin remedio, y la promesa de un alivio se ha quedado en el tintero, solo un recuerdo de lo que pudo ser y nunca fue.
La historia de la República Dominicana, como en las obras menos conocidas de Bosch, revela que los poderosos juegan con la esperanza del pueblo, pero en el fondo, solo buscan que no exijan lo que realmente merecen: un país justo, donde los hijos de machepa no tengan que morir de sed, ni en la calle ni en sus corazones, por la mentira de unos funcionarios que solo saben llevarse el diablo a los hijos de machepa.
LAS MENTIRAS A LOS HIJOS DE MACHEPA Y LA ESTAFA DEL PRECIO DE LOS COMBUSTIBLES
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